jueves, 26 de junio de 2014



Los sacerdotes de la Antigua Alianza sacrificaban en el altar animales, pero no se sacrificaban ellos. Todos hemos de ser como él, sacerdotes y víctimas, porque nuestro sacerdocio es el suyo.




















Jueves después de Pentecostés. 






1. "Os he llamado amigos, porque os he manifestado todo lo que he oído a mi Padre. No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os he elegido y os he destinado a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure" (Jn 15,15).


Jesús entrega su amistad y pide la nuestra. Ha dejado de ser el Maestro para convertirse en amigo. Escuchad como dice: Vosotros sois mis amigos... No os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer…En aras de esa amistad, que es entrañable, que es verdadera y ardorosa, desea atajar a los que aún pudieran no hacerle caso. "No sois vosotros -les dice- los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido".


Es un compañero deseoso de salvar, de alegrar y de llenar de paz a sus amigos. "Os he hablado para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud". El Maestro está con los brazos abiertos de la amistad tendidos hacia nosotros. Y con la alegría como promesa y como ofrenda. Nunca se ha visto un Dios igual. Camina ahora mismo y por cualquier calle. Por la acera de tu casa, seguro. Y está diciendo que es amigo tuyo, que te quiere igual que a su Padre y que desea llenarte de alegría. Lo va repitiendo al paso, según se acerca a tu puerta (ARL BREMEN).


2. Por lo mismo que Dios ama, creó el mundo: ¡Cuánta maravilla, cuánta belleza!:"¡Oh montes y espesuras,plantados por la mano del Amado!,¡oh, prado de verduras de flores esmaltado!,decid si por vosotros ha pasado" (San Juan de la Cruz)Creó los hombres. Los hombres desobedecieron y pecaron. (Gén 3,9). El pecado es un desequilibrio, un desorden, como un ojo monstruoso fuera de su órbita, como un hueso fuera de su sitio, buscando el placer, la satisfacción del egoísmo, de la soberbia. Como un sol que se sale del camino buscando su independencia. Frustraron el camino y la meta de la felicidad. De ahí nace la necesidad de la expiación, del sufrimiento, del dolor, por amor, para restablecer el equilibrio y el orden. Dios envía una Persona divina, su Hijo, a "aplastar la cabeza de la serpiente", haciéndose hombre para que ame como Dios, hasta la muerte de cruz, con el Corazón abierto. 


3. Ese Hombre Dios, el Siervo de Yahvé, que, "desfigurado no parecía hombre, como raíz en tierra árida, si figura, sin belleza, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, considerado leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, como cordero llevado al matadero" Isaías 52,13, inicia la redención de los hombres, sus hermanos. Él es la Cabeza, a la cual quiere unir a todos los hombres, que convertidos en sacerdotes, darán gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu, e incorporados a la Cabeza, serán corredentores con El de toda la humanidad. 


El Padre, cuya voluntad ha venido a cumplir, lo ha constituido Pontífice de la Alianza Nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinando, en su designio salifico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. Para eso, antes de morir, elige a unos hombres para que, en virtud del sacerdocio ministerial, bauticen, proclamen su palabra, perdonen los pecados y renueven su propio sacrificio, en beneficio y servicio de sus hermanos. 


"Él no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en su nombre el sacrificio de la redención, y preparan a sus hijos el banquete pascual, donde el pueblo santo se reúne en su amor, se alimenta con su palabra y se fortalece con sus sacramentos. Sus sacerdotes, al entregar su vida por él y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y así dan testimonio constante de fidelidad y amor" (Prefacio). 


4. Por eso, si los cristianos debemos tomar nuestra cruz, los sacerdotes, más, por más configurados con Cristo, con sus mismos poderes. Los sacerdotes de la Antigua Alianza sacrificaban en el altar animales, pero no se sacrificaban ellos. Los sacerdotes nos hemos de inmolar porque Cristo se inmoló a sí mismo. Hemos de ser como él, sacerdotes y víctimas, porque nuestro sacerdocio es el suyo. 


5. Una idea infantil del cristiano, que se acomoda al mundo, una mentalidad inmadura del sacerdote, lo hace un funcionario. De ahí surgen consecuencias de carrierismo, al estilo del mundo, excelencias, trajes de colores, que obnubilan el sentido sustancial del sacerdote-víctima, que conducen a la esterilidad, y contradicen la misión: "para que os pongáis en camino y deis fruto que dure". El fruto que dura es el de la conversión, la santidad, que permanecerá eternamente. Os he puesto en la corriente de la gracia, os planté para que vayáis voluntariamente y con las obras deis fruto. Y precisa cuál sea el fruto que deban dar: "Y vuestro fruto dure". 


Todo lo que trabajamos por este mundo apenas dura hasta la muerte, pues la muerte, interponiéndose, corta el fruto de nuestro trabajo. Pero lo que se hace por la vida eterna perdura aun después de la muerte, y entonces comienza a aparecer, cuando desaparece el fruto de las obras de la carne. Principia, pues, la retribución sobrenatural donde termina la natural. Por tanto, quien ya tiene conocimiento de lo eterno tenga en su alma por viles las ganancias temporales. 


Así pues, demos tales frutos que perduren, produzcamos frutos tales que cuando la muerte acabe con todo, ellos comiencen con la muerte, pues después que pasan por la muerte es cuando los amigos de Dios encuentran la herencia (San Gregorio Magno). 


6. Después de la "conversión" de Constantino, el clero eclesiástico hizo su entrada en este mundo, corrió serio peligro de perder su propia naturaleza, que no consiste en el poder, sino en el servicio. Además, entró en competencia con el poder secular al aparecer en la escena de la historia política. Este encuentro y confrontación con la jerarquía civil condujo no sólo a una ampliación político-social de las tareas apostólicas, sino que también oscureció el aspecto colegial del servicio de la Iglesia. 


Ha dicho el Cardenal Lustiger, arzobispo de París: "Ya sé que Napoleón identificó al obispo con los prefectos y con los generales, pero yo me había sensibilizado mucho contra la Iglesia como sistema de promoción y de poder, y determiné que nunca me metería en situaciones que favorecieran la promoción".


7. En el curso del siglo XI comienza la teología medieval a distinguir claramente, en la elaboración del tratado de sacramentos, entre el Orden y la dignidad, y puso de relieve la sacramentalidad del Orden de la Iglesia. A partir de entonces se designa esencialmente como Orden el sacramento que confiere el poder de celebrar la eucaristía.


8. Aunque el lenguaje de la Curia romana imprimió su sello a la tradición cristiana, la ordenación no fue considerada nunca como un simple acceso a una dignidad y como transmisión de unos poderes jurídicos y litúrgicos, pues siempre se confirió mediante un rito, porque la ordenación es un acto sacramental que transmite una gracia de santificación; los llamados son tomados del mundo y consagrados al servicio de Dios, son separados para atender a su misión especial. 


El obispo, el sacerdote, el diácono no tienen de suyo nada del sacerdote romano, que era un funcionario del culto público, poseía cierto rango y tenía que realizar determinados actos. El "sacerdocio" cristiano pertenece a otro orden; no es primariamente "religioso" ni cultual, sino carismático; es el ordo de los que han recibido el espíritu y, en virtud de su orden, están habilitados para continuar la obra de los apóstoles. 


Las jerarquías del ministerio aparecen en los escritos de los Padres de la Iglesia, no tanto como títulos que conceden ciertos derechos, sino más bien como tareas que ciertos hombres llamados a edificar el cuerpo de Cristo toman sobre sí, a veces incluso contra su propia voluntad. 


9. El Orden sacramental es una dimensión esencial para la Iglesia, y por eso fue incluido entre los sacramentos. Si se quiere comprender el sentido y la función de este "sacramento" particular en lugar de atribuir el sacerdocio cristiano y toda la jerarquía de la Iglesia a un único acto de institución, como hizo el Concilio de Trento, parece que está más en consonancia con la Sagrada Escritura y la realidad de las cosas partir de la Iglesia como "sacramento original". 


De esta forma no nos exponemos al peligro de separar el orden de la Iglesia histórica para colocarlo en cierto modo por encima de ella, pues es un sacramento esencial para la existencia de la Iglesia y en el que ésta se actualiza. 


10. El desdoblamiento del ordo en varios grados y la introducción de diversas ordenaciones están tan relacionados con la historia de la Iglesia como con la Escritura. Son producto de un desarrollo, y, en definitiva, la cuestión de si se ha de hablar de un único sacramento del orden o de si el episcopado y el presbiterado constituyen sacramentos diversos es más una cuestión terminológica y teológica que dogmática.


Las funciones del obispo y las del sacerdote, las funciones del sacerdote y las del diácono, no están delimitadas entre sí de forma absoluta; las funciones respectivas son asignadas por el derecho, pero este derecho no es un todo inmutable. La validez de las ordenaciones depende de la actuación de la Iglesia tomada en su totalidad, y no del acto sacramental considerado aisladamente. La validez o no validez de una ordenación no es algo que se pueda determinar tomando como base el rito, con independencia del marco general de la misma. 


11. La estructura del ministerio eclesial se puede considerar, igual que el canon de la Escritura y el número septenario de los sacramentos, como el resultado de un desarrollo. Desarrollo que se produjo todavía en tiempo de los apóstoles; por eso ha conservado en la tradición de la Iglesia el carácter de algo que existe por necesidad jurídica. En la Iglesia tendrá que haber siempre un "ministerio para velar", un "presbiterado" y una "diaconía".


Sin embargo, las expresiones concretas de esta estructura esencial pueden cambiar con el tiempo y de hecho han cambiado; más aún, tienen que cambiar por razón del carácter forzosamente limitado de las diversas expresiones históricas del ministerio y de la obligación que éste tiene de asemejarse constantemente a su modelo, Cristo. 


12. Lo mismo que Dios concedió el espíritu de profecía a los setenta ancianos que había llamado Moisés a participar con él en el gobierno del pueblo, así también comunica a los sacerdotes el Espíritu Santo para que se asocien al ministerio de los obispos. El presbítero colabora con el obispo en la totalidad de sus funciones de gobierno de la Iglesia. 


Las funciones del presbítero tienen una íntima conexión con el ofrecimiento de la eucaristía. Por eso la función del presbítero en la Iglesia ha de entenderse partiendo de la Cena y de las palabras de Cristo, que mandó a los apóstoles hacer "en memoria de él lo mismo que él había hecho" (1 Cor 11). Por eso defendió el Concilio de Trento este aspecto básico del ministerio sacerdotal. 


El Concilio Vaticano II añade: "Los presbíteros ejercitan su oficio sagrado sobre todo en el culto eucarístico o comunión, en donde, representando la persona de Cristo, el sacerdote es al mismo tiempo presidente de la celebración eucarística, él ofrece el sacrificio in nómine Ecclesiae o, en persona Ecclesiae y consagrante, sacrificador, y como tal ya no actúa meramente in persona Ecclesiae, sino in persona Christi y proclamando su misterio, unen las oraciones de los fieles al sacrificio de su Cabeza, Cristo, representando y aplicando en el sacrificio de la misa, hasta la venida del Señor (1 Cor 11,26), el único sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre como hostia inmaculada (Heb 9,11-28)". 


13. El sacerdote nos introduce en la memoria del Señor, no sólo en su pascua, sino en el misterio de toda su obra, desde su bautismo hasta su pascua en la cruz. Él exhorta a la asamblea de los creyentes a vivir en sintonía con el sacrificio de la cruz, que ésta vuelve a vivir en el presente en espera de su consumación definitiva. Por eso el ministerio del sacerdote no se puede limitar a la celebración de un rito; compromete toda la vida y se desarrolla de acuerdo con todo el orden sacramental. 


14. Pero no sería fiel a la tradición quien pretendiera defender que las funciones del sacerdote son de naturaleza estrictamente sacramental y cultural. También es función del sacerdote proclamar la palabra de Dios. La misma Cena, en la que el Señor llama a su sangre "sangre de la alianza", lo pone de manifiesto, pues no hay ningún rito de alianza sin una proclamación de la palabra de Dios a los hombres. El acontecimiento de la alianza es al mismo tiempo acción y palabra. 


Esta relación aparece todavía más clara cuando se parte de la base de que eucaristía (1 Cor 11,24) no significa tanto una "acción de gracias" en el sentido actual de esta expresión, cuanto una clara y gozosa proclamación de las "maravillas de Dios", de sus hechos salvíficos. Cuando Jesús declara: "Cada vez que coméis de ese pan y bebéis de esa copa proclamáis la muerte del Señor, hasta que él vuelva" (1 Cor 11,26), su acto de bendición ritual tiene también el sentido de una proclamación de la palabra de Dios. 


El ministerio de ofrecer la eucaristía ratifica y complementa simplemente una proclamación de la palabra, que va desde el kerigma inicial hasta la catequesis y la misma celebración litúrgica. Predicar, bautizar y celebrar la eucaristía son las funciones esenciales del sacerdote. 


Sin embargo, dentro del presbiterio dichas funciones pueden estar distribuidas distintamente, según que unos se dediquen más a tareas misioneras y otros a la acción pastoral dentro de la comunidad reunida (Mysterium Salutis). Predicar y enseñar, de otra manera, ¿cómo podrán hacer y administrar los sacramentos con provecho y eficacia salvadores?


15. El sacerdocio hoy está bastante desvalorizado. Las cosas poco prácticas no se cotizan. Esta generación consumista sólo tiene ojos para sus intereses. Ha perdido el sentido de la gratuidad. Un beso y una sonrisa no sirven para nada, pero los necesitamos mucho. Un jardín no es un negocio, pero necesitamos su belleza. Cultivar patatas y cebollas es más productivo, pero los rosales y las azucenas son necesarios. 


16. El sacerdote sirve. Siempre está sirviendo. Es necesario como la escoba para que esté limpia la casa. Pero a nadie se le ocurre poner la escoba en la vitrina. El sacerdote perdona los pecados, es instrumento de la misericordia de Dios. En un mundo lleno de rencores y envidias, el sacerdote es portador del perdón. Está siempre dispuesto a recibir confidencias, descargar conciencias, aliviar desequilibrios, a sembrar confianza y paz. 


El sacerdote ilumina. Cuando nos movemos a ras de tierra, nos señala el cielo. Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, nos descubre a Dios en el fondo. El sacerdote intercede. Amansa a Dios, le hace propicio, le da gracias, da a Dios el culto debido. Impetra sus dones. 


El sacerdote ama. Ha reservado su corazón para ser para todos. El sacerdote es antorcha que sólo tiene sentido cuando arde e ilumina. El sacerdote hace presente a Cristo. En los sacramentos y en su vida. Es el alma del mundo. Donde falta Dios y su Espíritu él es la sal y la vida. No hace cosas sino santos. 


Todos hemos de ser santos, pero sin sacerdotes difícilmente lo seremos. Es grano de trigo que si muere da mucho fruto. Nada hay en la Iglesia mejor que un sacerdote. Sí lo hay: dos sacerdotes. Por eso hemos de pedir al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies (Mt 9,38). 


17. "No me habéis elegido vosotros a mí, os he elegido yo a vosotros". La elección indica siempre predilección. Si voy a un jardín, miro y remiro: tallo, capullo, color, aguante...Elijo, corto y me la llevo. Pero sé que yo no podré ni cambiar el color, ni darles más resistencia, ni aumentarles la belleza. 


Cuando Dios elige, elige a través de su Verbo: "Por Él fueron creadas todas las cosas". Cuando un joven elige a su novia, es él quien elige. Si eligiesen sus padres u otros, probablemente saldría mal. Cuando Dios elige esposa, respeta a su Hijo, que se ha desposar con ella. Cuando Dios elige ministros suyos, deja a su Verbo la elección. Porque han de continuar sus mismos misterios.


Parece que el Señor tendrá sus preferencias. Contando con que siempre puede rectificar y enderezar, romper el cántaro y rehacerlo, y purificar, es verosímil que cuente con lo que ya hay en las naturalezas, creadas por El: "Omnia per ipso facta sunt".


Una de las primeras cualidades que parece buscará será la docilidad. Docilidad que casi siempre es crucificante. Otra, será la sencillez: "Si no os hacéis como niños"... Manifestarse sin hipocresía, con naturalidad. 


"Vosotros sois mis amigos." ¡Cuánta es la misericordia de nuestro Creador! ¡No somos dignos de ser siervos y nos llama amigos! ¡Qué honor para los hombres: ser amigos de Dios! Pero ya que habéis oído la gloria de la dignidad, oíd también a costa de qué se gana: "Si hacéis lo que yo os mando." Alegraos de la dignidad, pero pensad a costa de qué trabajos se llega a tal dignidad. 


En efecto, los amigos elegidos de Dios doman su carne, fortalecen su espíritu, vencen a los demonios, brillan en virtudes, menosprecian lo presente y predican con obras y con palabras la patria eterna; además, la aman más que a la vida; pueden ser llevados a la muerte, pero no doblegados. 


Considere, pues, cada uno si ha llegado a esta dignidad de ser llamado amigo de Dios, y si así es no atribuya a sus méritos los dones que encuentre en él, no sea que venga a caer en la enemistad. Por eso añadió el Señor: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto".


18. HIMNO SACERDOTAL


Brota de mi corazón un himno ardiente
cuajado en el manantial del ser:
Jesús Martí, yo te elijo, vente,
yo te llamo: Jesús Martí Ballester.


Cogiste mi corazón de niño
con ternura delicada y paternal,
me sedujeron tu afecto y tu cariño
y me dejé cautivar.


Yo escuché tu llamada gratuita
sin saber la complicación que me envolvía,
me enrolé en tu caravana de tu mano
sin pensar ni en las espinas ni en los cardos.


Te fui fiel, aunque a girones
fui dejando en mi camino pedazos de corazón,
hoy me encuentro con un cáliz rebosante de jazmines
que potencian mis anhelos juvenilesy me acercan más a Dios.


En el ocaso de la carrera de mi vida
siento el gozo de la inmolación a Tí.
Tienes todos los derechos de exigirme,
puedes pedir si me ayudas a decir siempre que ¡Sí!.


Necesitaste y necesitas de mis manos
para bendecir, perdonar y consagrar;
quisiste mi corazón para amar a mis hermanos,
pediste mis lágrimas y no me ahorré el llorar.


Mis audacias yo te di sin cuentagotas,
mi tiempo derroché enseñando a orar,
gasté mi voz predicando tu palabra
y me dolió el corazón de tanto amar.


A nadie negué lo que me dabas para todos.
Quise a todos en su camino estimular.
Me olvidé de que por dentro yo lloraba,
y me consagré de por vida a consolar.


Muchos hombres murieron en mis brazos,
ya sabrán cuánto les quise en la inmortalidad,
me llenarán de caricias y de flores el regazo,
migajas de los deleites de su banquete nupcial.


Pediste que te prestara mis pies
y te los ofrecí sin protestar,
caminé sudoroso tus caminos,
y hasta el océano me atreví a cruzar.




Cada vez que me abrazabas lo sentía
porque me sangraba el corazón,
eran tus mismas espinas las que me herían
y me encendían en tu amor.


Fui sembrando de hostias el camino
inmoladas en la cenital consagración:
más de treinta mil misas ofrecidas
han actualizado la eficacia de tu redención.


No me pesa haber seguido tu llamada,
estoy contento de ser latido en tu Getsemaní;
sólo tengo una pena escondida allá en el alma:
la duda de si Tú estás contento de mí.


Mi gratitud hoy te canto, ¡Cristo de mi sacerdocio!
Mi fidelidad te juro, Jesucristo Redentor.
Ayúdame a enriquecer con jardines a tu Iglesia,
que florezcan y sonrían aún en medio del dolor.


Sean esos jardines para tu recreo y mi trabajo,
multiplica tu presencia por los campos hoy en flor,
que lo que comenzó con la pequeñez de un pájaro,
se convierta en muchas águilas que roben tu Corazón.




Tomado de: http://es.catholic.net/escritoresactuales/664/1934/articulo.php?id=18553




Excelente página una bendicion de Dios que existe!! Que santas personas!! 


Nuestro Jesús es Nuestro Eterno y Sumo Sacerdote, el Santo, el Puro, el Celibe, el Humilde, el Amoroso, el Misericordioso, el Todopoderoso, el Unico y mas Grande entre todos, el Eterno. Jesús es la Maxima Expresion de Todo, porque El es Todo. Bendito y alabado seas mi Señor!


Dales tu Espíritu Santo a los sacerdotes para que sean como Tu. 
Oremos por ellos, en vez de criticar, porque son llamados directamente a ser santos y a sacrificar y morir por Jesús. Oremos para que lo logren y para que la Gloria de Dios se haga en la Iglesia Santa Católica através de nosotros y de todos los sacerdotes santos, hermosos que el Señor ha escogido por su Amor y su Misericordia. Que sean cada dia mas enamorados de Cristo, que nos hagan enamorarnos de El con locura y pasión para dar nuestra vida sin que nada nos cueste. Amen Señor iluminalos Amen Amen!








Porque mi corazon tiene un fulgor que arde sin cesar,
porque tu Nombre en el resuena y lo hace funcionar,
porque Tu eres todo cuanto el anhela presenciar,
porque Tu todo lo rodea y lo encierra,
lo consume y lo crea!!




Jesús Sumo y Eterno Sacerdote!! Cuánta Bondad tienes al darnos ese Ministerio y gozarnos de tu Gracia y tu Gloria Señor 


Tu presencia en mi vida quiero yo tener,
que me falte todo cuanto espero poseer,
menos tu Grandeza y tu Luz en mi caminar,
porque nada vale nada, si sin Ti voy a tropezar




Jesús Sumo y Eterno Sacerdote Supremo y Grandisímo Excelso!! ><

miércoles, 14 de mayo de 2014

RESEÑA DE LA PELÍCULA LA PASIÓN DE CRISTO

Reseña escrita por Gwendy Paola Romo Valdés
Datos generales
Título original: The Passion Of The Christ
País: Estados Unidos 
Año: 2004 
Duración: 2 h. 7 m. 
Género: Drama | ReligiónBiblia.
Director: Mel Gibson 
Guión: Benedict Fitzgerald 
Actores: James Caviezel, Monica Bellucci, Maia Morgenstern, Francesco Cabras, Rosalinda Celentano, Claudia Gerini, Ivano Marescotti, Matt Patresi  y Sergio Rubini.
Música: John Debney
Fotografía: Caleb Deschanel
Productora: Newmarket Film Group / Icon Productions

 La Pasión de Cristo es una película de gran detalle y contenido religioso, ya que relata y visualiza las últimas doce horas de la vida de Jesús de Nazaret, con el respaldo de las Sagradas Escrituras, la integración de los cuatro evangelios y las revelaciones realizadas por Jesús a la beata, mística y estigmatizada Ana Catalina Emmerick aproximadamente en el año 1833. Esta es la razón por la cual la película posee un lujo de detalles como ninguna otra película sobre Jesús.

  Durante diversas escenas de la película, se muestran Flashbacks que ilustran al observador acerca de quién era Jesús antes de ser condenado, cómo era su vida, qué hacía y demás detalles personales. Uno de ellos, es la escena donde está con sus discípulos en la Ultima Cena, haciendo la nueva alianza con su Cuerpo y su Sangre, en forma de Pan ácimo y de Vino. Momentos anteriores les había lavado los pies y les anticipó que lo matarían y que a ellos los perseguirían en su Nombre.  La primera escena de la película muestra la oración de Jesús en el monte de los Olivos, mientras sus discípulos dormían.  Judas Iscariote, uno de ellos que no estaba presente, lo traicionó con los fariseos, y lo entregó a éstos para que le arrestaran. Fue llevado a media noche donde algunos miembros de la Junta del Sanedrín, los cuales lo juzgaron y por voto popular lo condenaron de blasfemia e insurrección a Roma. No querían que el pueblo se enterara, por eso lo hicieron a escondidas, a la media noche, con el fin de que a la mañana siguiente, su juicio se hiciera sin interrupción.

  Llevaron a Jesús a comparecer ante Pilatos, gobernador romano en Palestina, quien se negó a acusarlo. Luego ante Herodes el hijo, heredero a la corona,  quien se negó de igual manera y lo regresó a Pilatos, para que éste lo condenara. Su decisión fue la de hacerle flagelar, para tranquilizar a la multitud judía que habiendo sido comprados por los fariseos, pedían su muerte en la Cruz. Cuando lo flagelaron, a ver Pilatos que los Fariseos no dejaban de alborotar a la gente,  se lavó las manos frente a su responsabilidad por la muerte de Jesús y los judíos se maldijeron diciendo que ellos y su descendencia serían los responsables del derramamiento de la Sangre de Jesús. Así fue como lo torturaron y lo clavaron en la Cruz injustamente, sin conocer lo que sucedería después de ese hecho atroz. 

  El contenido de esta película es fuerte, no apto para público lejano de la mayoría de edad. Debido al acercamiento extremo que ésta tiene con la realidad y a un conjunto de elementos presentes en la producción.
    Mel Gibson, director de la Pasión de Cristo, comentó en una entrevista con ACI Prensa: "Realmente quería expresar la grandeza del sacrificio, como también su horror. Sin embargo, también deseaba una película que tuviera momentos de lirismo real, de belleza y de un constante sentido de amor, ya que finalmente es una historia de fe, esperanza y amor. Esto, desde mi punto de vista, es la historia más grande que podemos contar". Lo cual reveló por sí solo que la película sería un éxito.
   La lengua aramea, la cual une el Judaísmo con el Cristianismo, fue usada en la película y al ser una lengua muerta, y sin vocales,  presentó dificultades en su pronunciación y aprendizaje. Por lo cual Gibson acudió al Padre William Fulco, Catedrático del Departamento de Estudios Mediterráneos de la Universidad Loyal Marymount, experto en el aremeo y cultura semita. El padre tradujo el guión de la película  para los personajes judíos y al latín de la calle para los personajes romanos. Por otra parte, los actores fueron sometidos a tomar clases de arameo, para complementar la colaboración del padre y a su vez, facilitar la realidad que se deseaba imprimir en la actuación.

  La actuación principal de James (Jim) Caviezel, en el papel de Jesús,  fue debido a que la expresión de su rostro es serena, su mirada es amorosa y llena de compasión, y  fueron  éstas las cosas que inspiraron a Mel Gibson para escogerlo. Este personaje principal exigía del actor una realidad cercana, una humanidad parecida a la de Cristo. Dicha personificación le costó al actor, horas de entrega y sacrificio, ya que el proceso de maquillaje en su cuerpo requería de siete horas diarias en las últimas escenas. Por  otro lado, cuando Jim aceptó la propuesta, empleó muchos días de oración para reflejar de verdad la vida de Jesús y conocer más de Él, ya que era un católico practicante, que con la responsabilidad de la película, había tenido un renacer interior-espiritual. Durante la preparación diaria para las grabaciones aceptó ser golpeado, azotado, flagelado y el cargar la cruz, para asimilar los sentimientos de Jesús en su actuación. Dijo al respecto  en una entrevista: "Nunca antes nadie había mostrado a Jesús de esta forma, creo que Mel está mostrando la verdad. Mel nunca utilizó la violencia por utilizarla y nunca fue gratuita. Creo que el realismo de esta película tal vez sorprenda a algunas personas pero es por esto que la película es tan poderosa."  El actor pasó por una infección en el pulmón, congelamiento, irritaciones en la piel y la caída de un rayo, mientras realizaban las grabaciones de la película, sin embargo dijo: “Pero si no hubiera pasado por todo esto, el sufrimiento no hubiera sido auténtico.  Así que se tenía que hacer” Sintió que su corazón fue cambiado y su relación con Dios fortalecida, sobre aquello, dijo: “Fue muy extraño, pensaba que era sólo un actor haciendo un papel, pero empecé a ver que este no podía  ser cualquier papel. No tenía ni idea de cuánto tenía que rezar para mantener las cosas en perspectiva.” Posterior a la película, dijo ante una entrevista: “El papel cambió mi vida en el sentido de que ahora ya no tengo miedo de hacer lo correcto. Ahora tengo miedo de no hacer lo correcto.”

   Otro personaje destacado en el filme, fue el de María madre de Jesús, interpretado por Maia Morgenstern, quien con ayuda de imágenes, esculturas y oración, logró captar la actitud más acertada que María pudo haber tenido, frente a la muerte de Jesús. Dijo: “Entender a María para mí fue comprender una forma de vida, en cómo alguien trasciende el dolor y el sufrimiento y los convierte en amor. Creo que lo más doloroso es ver a un hijo herido como lo hace María, perder a un hijo como lo pierde ella, pero lo único que ella puede hacer es seguir amando y confiando y tratar de usar toda la compasión que hay en su corazón. Esto era lo que yo quería reflejar en la pantalla.”

   El vestuario hecho a mano por el diseñador y ganador de premios Maurizio Millenotti (Hamlet, Importance of Being Earnest), el cual fue producto de una investigación y adecuación profunda de los vestidos de la época, bajo la petición de Gibson de que fueran de tonos café, negro y beige, para dar una connotación más sencilla y religiosa.
   Los estudios Cinecitta  considerados los mejores del mundo en compañía del diseñador de producción italiano, Francesco Frigeri (Malèna), y el ambientador,  Carlo Gervasi hicieron la escenografía y la fotografía fue a cargo de Caleb Deschanel, como director de la misma, resaltando escenas en el Templo, el Pretorio y el Palacio de Pilatos y la ciudad entera, debido a su arduo trabajo de elaboración. En 10 semanas se desarrolló la escenografía en Matera, ciudad italiana antigua, parecida a Jerusalén.

  El maquillaje especial y peinados fueron obra del equipo de Keith VanderLaan y de Greg Cannom quien fue dos veces ganador del Premio de la Academia y seis veces nominado al Oscar, escogidos por Gibson para que la película fuera aún más real. Esto también se logró gracias a las investigaciones realizadas por los maquilladores, a cerca de la anatomía de las crucifixiones y los dolores que causan.

 Cuando el músico y compositor John Debney recibió información de la película por parte del coproductor Stephen McEveety, sintió una gran emoción ya que es católico y sentía que sería un gran reto para él, colaborar musicalmente en el filme, por lo cual envió a Mel Gibson, muestras de su trabajo y posteriormente fue aceptado. Debney en la musicalización de la película trató de causar sensibilidad y exaltación de todos los momentos de la misma, usando acordes propios de composiciones del Medio Oriente, es decir, cuerdas, percusión, coros y voces solistas e instrumentos antiguos semitas. Se destacaron mucho las melodías usadas durante la oración de Jesús en el Monte de los Olivos, cuya característica primordial, fue el misterio y el terror, para ayudar al espectador a adentrarse en el miedo profundo que Jesús sintió en ese momento. La flagelación, cuando su madre lo observa con el tema llamado “Mary goes to Jesus”, donde se resalta la tristeza profunda de la Virgen al observar que su único hijo es torturado atrozmente y por último en la Crucifixión, donde con tenues acordes de cuerdas, se crea un ambiente de nobleza y realeza que refleja esperanza.

  Los premios otorgados a éste grandioso trabajo cinematográfico fueron: tres nominaciones al Oscar: Mejor fotografía, maquillaje en 2004, National Board of Review: Premio a la libertad de expresión en 2004 y fue nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor película popular en 2004.


   La Pasión de Cristo es una película que además de tener una aplicabilidad histórica, es también religiosa y espiritual, ya que lleva a la vista sucesos que tal vez son ignorados u observados de diferente manera por parte de las personas creyentes o no creyentes. Es una película que acrecienta mucho más la espiritualidad que pueda haber en el espectador en el momento anterior a verla.  La recomiendo, indudablemente, porque no existe trabajo cinematográfico más especializado, minucioso y de calidad, inspirado en Dios, que esta película. ¡Disfrútenla y no se la pierdan! ¡Es una película excelente! Es imposible que el corazón no sea removido al verla. Imposible.